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LOS DÍAS ERAN LA CALMA, PERO LA NOCHE SIEMPRE FUE LA TEMPESTAD

LOS DÍAS ERAN LA CALMA, PERO LA NOCHE SIEMPRE FUE LA TEMPESTAD

Aquel 28 de mayo del 2020 la vida o la coincidencia me puso en el camino dos realidades distintas que al final se juntaron. Por un lado estaba el rap que hizo presencia en un concierto sin precedentes y por el otro lado estaba un sector de la denominada “primera línea”, un grupo de jóvenes que con casco y escudo seguían resistiendo en las calles.

-Hasta la fecha el paro no se ha levantado, lo han silenciado-

En la fría e impredecible Bogotá de aquel día, se estaba llevando a cabo uno de los conciertos sin ánimos de lucro más significativos en el último tiempo, y no era para menos, la situación social del país lo ameritaba.

Ese día, la ciudad fue testigo de un evento benéfico que contó con la participación de más de 30 artistas que aceptaron el llamado del rapero Ali Aka Mind. Y, para asombro de muchos, el evento logró contar con más de 15 mil asistentes que caminaron desde el Portal de la resistencia -antiguo Portal Américas- hasta la glorieta de la tercera con 50, barrio Galán. 

Mientras terminaban de alistar pequeños detalles para arrancar con la caravana, la gente expresaba su descontento y desconsuelo con la fuerza pública; arengas, chiflidos y una que otra piedra hicieron parte de su forma de expresión. 

A eso de las 10:30 de la mañana se dio inicio a la caravana, el ambiente estaba en crecimiento y las arengas contra el gobierno no se hicieron esperar, eso avivaba la sensación dentro de mi cuerpo.

Fotografía tomada de: @medicenlanegra7

Los raperos, en su mayoría de la escena capitalina, hicieron sus respectivas presentaciones y el ánimo aumentaba cada vez más, aunque el clima empezaba a jugar una mala pasada. 

A pesar de estar todo un día bajo el sol y la lluvia, la sensación de hambre y cansancio pasaron a un segundo plano, era mi oportunidad de seguir dando a conocer el medio dentro de la escena y mostrar que el rap siempre tuvo la razón. Así transcurría mi día, mientras tomaba fotografías y grababa presentaciones aprovechaba para comer el sándwich que me acompañó en esa jornada.

A medida que nos íbamos acercando al destino, los raperos hacían un llamado a la solidaridad, el concierto al ser benéfico solo pedía alimentos no perecederos para las personas que resistían en los diferentes puntos de la ciudad y para aquellos que la pandemia les quitó los pocos recursos con los que contaban. 

Caía la tarde y era el turno del rey, del señor Ali Aka Mind para cerrar con broche de oro una tarde de rap, protesta y empatía. En su momento, la lluvia sonaba más fuerte que la voz de Ali pero eso no fue impedimento para seguir rompiendo las tarimas. Por temas logísticos y de tiempo solo tuvimos el privilegio de escuchar dos de sus canciones pero, valió cada maldito segundo.

Así concluyó el concierto y en medio de un torrencial aguacero no sabía cómo devolverme a mi casa pues las vías ya se estaban bloqueando y el transporte público no daba abasto con la gente que estaba en el sector.

En el rol del periodismo, la gente te saluda,  se estrechan manos o en su defecto se juntan codos con nuevas  personas y así se empieza a “tejer” una red de contactos. Un apoyo que me sirvió al caer la noche.  

Una amante del Hip Hop con la que logré hablar buena parte del evento me presentó con un frente de la primera línea del Portal de la Resistencia y aunque el término “frente” evoque alguna idea a subversiva o en relación a la guerrilla, comprendí con el paso del tiempo que esa es la terminología que usan.

En ese cruce de palabras y a pesar del rechazo de algunos de los integrantes pude encontrar con quien devolverme hacia el portal pues vivo a unos pocos minutos del sitio. La lluvia seguía incesante y la sombrilla de aquel momento fue un gran árbol que nos refugió en medio de la tempestad. 

Mientras ellos se reunían yo estaba allí, al otro lado del árbol, esperando qué decidían para transportarnos hacia allá; y aunque todo parecía complejo porque tocó camuflar los escudos y pedir varios taxis por fin pudimos llegar al punto en común.

Al bajarnos del taxi el ambiente ya estaba tenso en el portal, a lo lejos se veían dos tanquetas de la fuerza pública y un puñado de manifestantes bloqueando las vías principales. En ese momento creí que seguiría mi camino y que tal vez no nos cruzaríamos nuevamente pero no fue así, ocurrió todo lo contrario.

Fotografía tomada de: @medicenlanegra7

Nos desplazamos hacia el punto donde siempre solían reunirse; cada uno sacó de entre las bolsas sus “armas de guerra” y para sorpresa y fortuna mía también logré quedarme con algunos implementos de seguridad para seguir transmitiendo desde mi celular sin tanto riesgo; casco, gafas y una careta fue la “dotación” de bienvenida. 

El ambiente se puso aún más tenso, ellos se fueron a cubrir a la gente mientras yo me estaba preparando para nuevamente empezar a transmitir en vivo. Los enfrentamientos acabaron  y por esa noche no supe más de ellos, en mi registro no hubo ningún capturado o herido de gravedad, así que supuse que todos estaban bien. 

Los días en ocasiones eran de calma pero la noche siempre fue tensa en el portal; a lo lejos y en medio de la confrontación podía reconocer a uno que otro de los integrantes de la línea de Patio bonito, así fue que los conocí por primera vez. 

El tiempo fue pasando y me acercaba más a ellos, nos unía el inconformismo por un gobierno corrupto y las ganas de salir a las calles a expresar el descontento social. De a poco fui entrando en su círculo y fue allí cuando entré al campamento en el parque mundo -a unas pocas cuadras del portal-. 

En uno de los días en que no hubo tropel logré hablar con varios de ellos, estuvimos hablando un poco sobre la noche anterior y lo intenso que fue el ataque que sufrieron por parte de la fuerza pública.

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 La noche hizo su aparición y fue la oportunidad perfecta para seguir hablando pero esta vez en el campamento, un sitio improvisado con carpas y palos para refugio de quienes resisten en las calles, gracias a ellos pude pasar la noche allí. 

Cuando decidí quedarme y pasar la noche, fue cuando realmente comprendí la totalidad del concepto de empatía. En el campamento nadie era más que nadie, por más que la gente no se conociera no faltaba quién te brindaba el agua de panela o un rico sancocho. 

A eso de las 9 de la noche empezó mi travesía en el campamento, de un lado iban carpa por carpa ofreciendo algo caliente y del otro lado te ofrecían algo para comer porque sabían que la noche es larga y que el frío  allí es despiadado.

Estando adentro de una carpa fue tal vez la única oportunidad que tuve para ver los rostros agotados, gélidos, de aquellos que noche a noche salen con escudos a las calles. Allá no había temor, vi solidaridad, vi camaradería, vi unión, vi como todos se cuidaban, se preocupaban por el otro, era como un refugio. 

El rap, la comida, las risas, las arengas y el arte fueron los factores que enriquecieron mi noche allí. Mientras la madrugada se acercaba, unos aprovechaban para dormir mientras que otros eran los centinelas, esos que te avisaban si venían matrimonios o si el Esmad hacía presencia.

Fotografía tomada de: @medicenlanegra7

Todo era tranquilidad hasta que se escuchaba por los cielos a “firulais” así llamaron al dron de la policía que hacía rondas para cumplir la función del gran hermano, vigilar y controlar.

El calor de la leña y la charla nos mantenía despiertos, esa era la mejor opción. No era fácil conciliar el sueño durmiendo en el piso y con el frío inclemente de la ciudad. Perdí la noción del tiempo a media noche cuando mi celular se descargó completamente, después de parchar un rato decidí acostarme; sabía que no podía dormir pero necesitaba un poco de descanso.

Sin embargo,  mi mente daba vueltas porque estando allí comprendí que muchos lo hacen por verdadera necesidad, ¿con qué criterio le puedes decir a un joven que se levante y se vaya a su casa sabiendo que en su hogar las necesidades abundan y que estando allí no podría alimentarse como lo estaba haciendo allá?, eso me impactó porque en plena capital “desarrollada” la gente ni siquiera podía suplir sus necesidades básicas. Eso sí, hay que agradecer a los vecinos del parque que de una u otra forma contribuyeron para que los jóvenes que allí resisten no pasen la noche sin tomar o comer algo.

Tiempo después de que logré conciliar el sueño, el frío era tan abrumador que me impidió seguir descansando; mi única solución fue caminar entre las carpas para ver cuál tenía algo caliente, por suerte nunca faltó la comida ni una bebida caliente. Poco tiempo después el sol aparecía, la gente se despertaba de a poco y era la hora de desayunar. Un caldo de pescado, unos huevos revueltos y un salchichón fue el desayuno antes de retirarme del campamento.

Total agradecimiento para los que me brindaron la mano desde el primer día. Gracias a ellos esta crónica fue posible, admiración y cariño para ustedes; que, aunque no los mencione, saben quiénes son. 

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